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Sunday, May 3, 2026

El peso argentino vive su mejor cuatrimestre en décadas, pero la fiesta tiene fecha de vencimiento

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Hay algo casi surreal en los números que dejó el primer cuatrimestre de 2026 en el mercado de cambios argentino. El dólar mayorista cerró abril en $1.391, casi 64 pesos por debajo del nivel con que Argentina arrancó el año. En términos reales, ajustando por una inflación que acumuló 9,4% solo en el primer trimestre, la pérdida de poder adquisitivo del billete verde en el mercado interno rozó el 16%. Para un país que en los últimos cincuenta años registró once devaluaciones de magnitud, ver al peso como el activo ganador del año tiene la textura de un acontecimiento histórico. O de una anomalía que tarde o temprano se corregirá. El primero es el campo. La campaña 2025/26 se encamina a un récord de 144 millones de toneladas, con picos en maíz, soja y trigo. La Bolsa de Comercio de Rosario proyecta ingresos por exportaciones agrícolas de USD 34.500 millones para todo el año, un número que en cualquier escenario histórico reciente habría generado presión alcista sobre el peso, no bajista. El complejo sojero, que lidera con USD 3.420 millones, llegó con la particularidad de que sus precios internacionales se ubican un 20% por encima del promedio de 2025. El segundo motor es Vaca Muerta. Se proyecta que las exportaciones energéticas saltarán desde los USD 6.000 millones recientes hacia una banda de entre USD 8.000 y 9.000 millones en 2026, generando un superávit energético cercano a los USD 9.000 millones. A diferencia del agro, este flujo no tiene estacionalidad marcada: es divisas durante los doce meses del año. El crecimiento estructural de las exportaciones de petróleo y gas, coincidente con precios elevados del crudo, está cambiando el perfil de la balanza de pagos argentina de un modo que los modelos tradicionales de análisis cambiario aún no terminan de procesar. El tercer motor es financiero. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las empresas argentinas colocaron obligaciones negociables en mercados internacionales por un total de USD 9.900 millones. De ese monto, USD 6.800 millones ya ingresaron al mercado local. Restan liquidar otros USD 3.200 millones, según precisó Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, en una presentación ante inversores en Washington. Esos fondos, que en cualquier otro momento habrían pasado desapercibidos, hoy engrosaron una oferta de divisas que ya era excepcional. El Banco Central compra, pero el peso igualmente se aprecia Frente a ese diluvio de dólares, el Banco Central no se limitó a observar. Desde que el nuevo esquema monetario entró en vigor en enero —con bandas que se ajustan según la inflación con rezago de dos meses, en lugar del crawling peg fijo del 1% mensual que regía hasta 2025—, la autoridad monetaria acumuló compras por cerca de USD 7.100 millones al cierre de abril, representando ya el 71% de la meta anual de USD 10.000 millones. Solo en abril, el mes más activo del año, absorbió USD 2.700 millones en 76 ruedas consecutivas con saldo comprador. Las reservas brutas superaron los USD 44.000 millones. Y aún así, el peso se apreció. El ministro de Economía Luis Caputo cuantificó la magnitud de la intervención: sin las compras del BCRA, estimó, el peso sería cerca de un 20% más fuerte de lo que está. Es decir, el tipo de cambio no subió pese al exceso de oferta de divisas. Subió gracias a que el Banco Central compraba todo lo que podía para evitar que bajara aún más. El corredor cambiario —cuyo techo cerró abril en $1.703,22— dejó al mayorista con un margen de flotación del 22,4% respecto del límite superior, una holgura inusual que el mercado interpreta como señal de tranquilidad. También se debe destacar que aún se mantiene las restricciones sobre compra de divisas a empresas, sin las cuales el precio de la divisa podría no ser el mismo. El atraso real y el dilema del ancla Detrás de la narrativa del peso fuerte, sin embargo, se esconde un número que incomoda: la inflación del primer trimestre fue de 9,4%, con un marzo que sorprendió con 3,4% mensual —el registro más alto del año— impulsado por Educación (+12,1%), Transporte (+4,1%) y Vivienda (+3,7%). El acumulado interanual alcanzó el 32,6%. Frente a una caída nominal del dólar del 4,9%, el tipo de cambio real multilateral cedió terreno de manera sostenida, erosionando la competitividad de sectores exportadores que no cuentan con las ventajas naturales de los commodities o el shale. Para los operadores que siguen el proceso de desinflación, la aceleración de marzo fue una señal de alerta, pero no la única dado que la inflación viene acelerando por 10mo. mes consecutivo. El presidente Milei atribuyó el dato a factores puntuales —educación estacional, impacto del conflicto en Medio Oriente sobre combustibles y fletes— y prometió que “desde abril se viene un proceso de desinflación y de crecimiento”. El mercado tomó nota, pero aguarda los datos de abril, que el INDEC publicará el 14 de mayo, con atención renovada. ¿Fenómeno local o marea regional? Una lectura superficial podría sugerir que la apreciación argentina es simplemente el reflejo de un dólar global débil, replicado en toda la región. La lectura es parcialmente correcta, pero insuficiente. El real brasileño ganó 10,8% frente al dólar, impulsado por el carry trade y el reposicionamiento de portafolios; el peso colombiano avanzó cerca de 5%, apoyado en el endeudamiento externo del gobierno y diferenciales de tasas favorables; el peso chileno subió alrededor de 4%, ayudado por el precio del cobre y el denominado “efecto Kast” —la expectativa de un gobierno más promercado. El sol peruano y el peso mexicano también anotaron ganancias. La diferencia con Argentina es cualitativa. Mientras en Brasil o Chile la fortaleza de la moneda responde en gran medida a flujos financieros y diferenciales de tasas —factores inherentemente reversibles si cambia el humor del mercado global—, en Argentina el exceso de oferta tiene una componente real y voluminosa: granos que se exportan, petróleo que se extrae y vende, y capital corporativo. La apreciación argentina no es solo un fenómeno de portafolios. El segundo semestre: abundancia con asteriscos El consenso del Relevamiento de Expectativas de Mercado del BCRA proyecta un dólar mayorista de $1.707 para diciembre, un recorrido del 22-23% desde el cierre de 2025 que implicaría un camino gradual y sin sobresaltos. Las variables que podrían alterar ese escenario están bien identificadas. Del lado de la oferta, la liquidación de los USD 3.200 millones restantes en ON corporativas y el pico de la cosecha gruesa en el segundo trimestre garantizan un colchón de divisas robusto al menos hasta agosto. Vaca Muerta operará como fuente continua a lo largo del año. Se proyecta exportaciones totales por USD 90.500 millones en 2026 —un récord histórico—, dejando un superávit comercial estimado de USD 9.000 millones. Del lado de la demanda, los vencimientos financieros del Tesoro y del BCRA por cerca de USD 3.200 millones en el segundo trimestre representan el principal drenaje. Los egresos de divisas neutralizan la acumulación. Los pagos de deuda del Tesoro y del propio BCRA, junto con otros pasivos, compensan gran parte de las compras. Las reservas brutas, que superaron los USD 46.900 millones en febrero, habían retrocedido a USD 44.500 millones al cierre de abril, evidenciando esa dinámica. El riesgo externo tampoco es menor. El conflicto en Medio Oriente ya encareció los fletes internacionales entre un 40% y un 50%, según la Bolsa de Comercio de Rosario, reduciendo el ingreso neto que reciben los exportadores pese a volúmenes récord. Si el dólar global revertiera su tendencia —un escenario que Citi contempla para el segundo semestre— parte de la fortaleza regional se evaporaría en pocas semanas. Argentina va hacia un modelo de excedente estructural de dólares, impulsado por Vaca Muerta y la agroindustria. Pero existe un riesgo social y político de que los sectores que generan esos dólares sean justamente los que menos empleo crean. El peso más fuerte convive con una industria manufacturera operando en mínimos de capacidad instalada de la última década.

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