La conclusión del acuerdo a nivel de personal de Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó con un mensaje codificado en el último momento, que refleja las presiones que enfrenta el gobierno del presidente Javier Mlei: la institución debe responder a una crisis global y al resultado de las elecciones estadounidenses, que podrían poner a prueba el respaldo financiero que Argentina ha recibido. Durante las Reuniones de Primavera del FMI en Washington, el personal del Fondo finalizó las cifras de Argentina pero insertó una condición: que el equipo económico debe implementar medidas adicionales antes de que se desembolse cualquier fondo. En las líneas finales de la declaración oficial del FMI, la institución dirigida por Kristalina Georgieva señaló lo siguiente: “El personal del FMI acoge con satisfacción el compromiso fuerte y constructivo con las autoridades y su compromiso continuo con el programa, incluso mediante la implementación de medidas correctivas para abordar reveses anteriores. Una vez completadas las medidas pendientes, la revisión se presentará al Directorio Ejecutivo del FMI para su consideración”. Entre los analistas en Washington, la lectura es que es “muy inusual” que el personal del FMI anuncie un acuerdo a nivel del personal y, al mismo tiempo, deje en claro que la escalada al Directorio Ejecutivo depende de pasos adicionales. Fuentes con conocimiento directo del funcionamiento de la institución sugieren que el “asterisco” en el comunicado podría estar relacionado con una medida específica sobre los controles de capital, aunque descartaron cualquier demanda potencial de una fuerte devaluación. La redacción del Fondo implica que las acciones correctivas se encuentran en sus etapas finales y que, una vez que se alcance el último hito operativo, se otorgará la luz verde definitiva para el desembolso. Tira y afloja Detrás de este retraso burocrático se esconde un tira y afloja de alto riesgo; El personal del FMI siente la presión política de la Casa Blanca. Un informante le dijo a Perfil que el equipo técnico efectivamente está “pateando” la decisión al Directorio, donde se librará la batalla final. El respaldo de Washington al gobierno de Milei es inequívoco, pero está impulsado por una lógica electoral de corto plazo: el presidente estadounidense, Donald Trump, necesita victorias en política exterior mientras enfrenta una creciente fatiga en el frente interno. El período previo a las elecciones intermedias de noviembre de 2026 en Estados Unidos está dando forma a los índices de aprobación de Trump, quien se tambalea tras una serie de seis derrotas electorales locales consecutivas. En este contexto, el apoyo económico a Argentina se ha vuelto firme y en gran medida incuestionable en el Tesoro de Estados Unidos. Las declaraciones del Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en el Instituto de Finanzas Internacionales insinuaron el papel que están desempeñando las figuras económicas de Washington en la presión sobre el FMI. “Argentina ha tenido un éxito fantástico. Están acumulando reservas todos los días”, dijo Bessent. “Decenas de millones de personas han salido de la pobreza y es muy interesante ver que los más pobres y los más jóvenes votaron por el gobierno de Javier Milei. Hay optimismo ahí.” Sin embargo, para el personal del FMI, el optimismo estadounidense choca con la fría realidad de los datos. En su último informe Perspectivas de la economía mundial, el Fondo revisó a la baja las perspectivas de crecimiento de Argentina para 2026. Ahora pronostica que el PIB mejorará un 3,5 por ciento este año –medio punto porcentual menos de lo previsto hace seis meses– con una inflación anual del 30,4 por ciento, casi el doble de la estimación anterior. El Fondo atribuye el sobrecalentamiento a un “shock de oferta negativo” derivado de la guerra en Irán, que ha elevado los costos logísticos globales. Parámetros Para salvaguardar la sostenibilidad del programa, el acuerdo a nivel del personal del FMI y Argentina establece parámetros estrictos en cinco frentes clave, con una advertencia particular respecto del marco monetario supervisado por el Gobernador del Banco Central, Santiago Bausili: Política monetaria: El principal punto de fricción: el Fondo ha pedido fortalecer las operaciones a través de “medidas iniciales para contener la volatilidad de las tasas de interés y mejorar la transmisión de la política monetaria y la asignación de crédito”. El sistema monetario debe permanecer “apropiadamente ajustado”, con el objetivo final de ampliar las bandas cambiarias para mejorar la flexibilidad frente a shocks externos. Política fiscal: El objetivo de déficit cero de Argentina se reafirma como un ancla no negociable, consistente con un superávit primario del 1,4 por ciento del PIB este año, respaldado por una restricción del gasto pero con “espacio suficiente para una asistencia social focalizada”. Posición externa: El objetivo es aumentar las reservas internacionales netas en al menos 8 mil millones de dólares en 2026, lo que requerirá compras del Banco Central de no menos de 10 mil millones de dólares durante el año. Financiamiento: Se implementará una estrategia múltiple para refinanciar obligaciones en moneda extranjera, incluida la emisión de deuda con legislación local, la venta de activos y el endeudamiento externo, potencialmente respaldados por prestamistas multilaterales. Reformas estructurales: Las medidas se centrarán en impulsar el empleo formal y la productividad en sectores estratégicos como la energía, la minería y la economía del conocimiento. Cronograma En particular, el personal del FMI no mencionó ninguna solicitud de exención del Directorio para pasar por alto el repetido fracaso de Argentina en cumplir sus objetivos de acumulación de reservas, que ahora ha incumplido por segunda vez consecutiva. La fecha límite para que el Directorio Ejecutivo considere el caso de Argentina es mayo, cuando le deben al Fondo 805 millones de dólares. Para evitar ejercer más presión sobre sus reservas, la Junta tendría que reunirse y aprobar el desembolso antes de esa fecha. Sin embargo, el momento político parece estar en desacuerdo con la urgencia de las necesidades de financiación. El intervalo entre la firma de acuerdos a nivel de personal y las reuniones formales de la Junta es cada vez mayor. Los patrones históricos sugieren que la burocracia del Fondo se desacelera a medida que el programa de Argentina se vuelve más frágil. noticias relacionadas
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