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Saturday, April 18, 2026

Falleció Germán Dam, el periodista riguroso y valiente que documentó la violencia en el sur de Venezuela

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Por: Clavel Rangel Germán Enrique Dam Vargas nació en Caracas, Venezuela, el 30 de enero de 1986. Vivió casi toda su vida en Los Peregrinos, Ciudad Guayana, muy cerca de la sede del Correo del Caroní donde trabajó toda su carrera de reportero. Hijo de Germán Danilo Dam y Anabell Vargas de Dam, comenzó como pasante del periódico en 2007 y pronto se hizo cargo de una de las fuentes más desafiantes de la región: sucesos. En los 10 años que siguieron, Germán cubrió la violencia en Ciudad Guayana, que llegó a estar entre las diez más peligrosas del mundo. La opacidad del chavismo no arropó ni los datos de ese ranking ni la tasa de homicidios en la región por el esfuerzo de los periodistas de sucesos de Correo del Caroní. La famosa data la iniciaron los veteranos reporteros Armando Arévalo y Ángel Pirela. Germán la continuó y mejoró con precisión quirúrgica, puntualidad y responsabilidad. Era muy estricto con la metodología. No había rumba, que le encantaba, ni trasnocho que le impidiera llegar puntual a cumplir con su trabajo. A fin de año, entre todos los informes de la región, los lectores del Correo del Caroní esperaban ese equilibrio de transparencia que les negaba el gobierno. Hablar de Germán es hablar de una época donde la libertad de expresión y de prensa estuvo diezmada en Venezuela, como sigue ahora, pero esos esfuerzos de censura no se consumaron por los esfuerzos de periodistas como él y de todo un equipo que trabajó muy de cerca para lograr la independencia editorial que siempre ha defendido Correo del Caroní. Germán Dam participó activamente dentro del gremio periodístico en Guayana, especialmente a favor de la libertad de prensa. De sus grandes historias En 2014, le pidió a Germán que fuera el fotógrafo de una crónica que había propuesto a la revista Clímax sobre el camino hacia una mina en Sifontes. Así, de paso, nos traeríamos historias para la edición diaria del Correo del Caroní. La noche antes del viaje, por pura coincidencia, le tocó escribir uno de sus grandes titulares, de los tantos que escribió: el asesinato en Caracas de uno de los pranes más peligrosos de Guayana, Yorman Márquez —apodado Gordo Bayón—, saliendo del Palacio de Miraflores, en donde se celebraba la discusión del contrato colectivo entre Sidor, el Ministerio del Trabajo y el sindicato Sutiss. Bayón, culpable de triple homicidio y con prohibición de salida del estado, fue trasladado a Caracas por el Gobierno para intimidar y quebrar al sindicato Sutiss en la difícil negociación contractual. Fue una crónica tremenda, que todos recordamos por los entretelones de esa noche tratando de confirmar aquella noticia de tanto peso político, y por la tensión al día siguiente, cuando aquella primera plana comenzó a circular. Publicar la noticia fue una apuesta y un riesgo que, de vez en cuando, se toma en periodismo cuando hay rigor, pero no confirmación oficial. El editor de entonces, Oscar Murillo, lo contribuyó. Aquella noche, ambos acordaron que, si eran desmentidos, renunciarían al periódico como un gesto de honor y respeto a los lectores de Correo del Caroní. Ninguno renunció, porque en la mañana siguiente, casi al mediodía, las fuentes oficiales confirmaron con su silencio y con un funeral que se hizo clandestino en las minas que, en efecto, Bayón había sido asesinado a pocos metros del Hotel Alba Caracas (antiguo Hilton), donde el gobierno lo había hospedado. Al día siguiente, Germán y yo íbamos camino al sur. La idea de la pausa, lo que tenía en mente, era escribir sobre lo que veíamos camino a una de las minas más violentas de aquel entonces, famosa por las masacres: Cicapra. No estaba en los aviones entrar, porque nunca lo pensé posible, pero por todos los contactos que tenía Germán en la fuente de sucesos se nos dio la oportunidad de ir más allá, hasta Caolín. «¿Le damos?», me preguntó antes de cruzar un río. Tragué horrible, y le dije que sí, porque andar con Germán también era sentirse doblemente protegido. Quizás por su calma y aplomo, que siempre manejaba con absoluto humor negro y una carcajada en los momentos más tensos. Ir a aquel lugar resultó una gran ironía y casi un cierre redondo de la historia anterior: la noche antes de celebraron en grande el asesinato de su rival en esa mina y era notorio por las decenas de casquillos de balas en la tierra. Germán no sólo era un reportero acucioso, también un consumado narrador, muy polifacético, ordenado como pocos, impecable en su libreta, y cultivaba su fuente con tanto afán que, a veces pensábamos que él no iba tras la noticia, sino que la noticia llegaba a él. Entre esas, está la del niño de 11 años Rami Saed, secuestrado en Ciudad Guayana en junio de 2008. Germán aún era un periodista novato y aquella noche, Oscar (el editor) lo llamó para contarle que se rumoraba que Rami había sido asesinado por sus secuestradores en San Félix. Germán, con el veterano fotoperiodista William Urdaneta, rondó la zona por la que recibió el dato. Lo que pasó fue de película: William y Germán encontraron a Rami caminando por una calle oscura. Y esa noticia de un equipo periodístico encontrando al niño secuestrado fue un final feliz que pocas veces —en una fuente repleta de muerte e impunidad —se llegan a ver. Otra historia, sin final feliz, la contó en 2012 para Correo del Caroní y luego, en 2014, se convirtió en una crónica titulada “El niño del diente de oro”. Esto último gracias al taller que organizó la Fundación Bigott, y que con maestría dirigieron los periodistas bolivarenses Albor Rodríguez y Alfredo Meza. Regularmente usé esta crónica en mis clases de géneros periodísticos en la UCAB-Guayana, pues describe perfectamente la evolución de una noticia que se convierte en documento histórico por la perseverancia, detalle y acuciosidad del reportero. Durante dos años, Germán logró reconstruir lo que había pasado con Diego Andrés Beria, un niño de 12 años asesinado en San Félix por la Policía del estado Bolívar, uno de los tantos cuerpos policiales responsables de ejecuciones extrajudiciales en la región, especialmente durante la gestión de Francisco Rangel Gómez y del general Fuentes Manzulli. La historia, vigente hasta hoy, es una radiografía de la sociedad venezolana, del abuso policial, de la violación de derechos humanos y del espiral de violencia en la que crece la infancia en el sur del país, en una región plagada de inequidades y corrupción. La cobertura de la masacre de Tumeremo en marzo de 2016 fue, quizás, uno de sus más grandes hallazgos. La cobertura, en la que trabajó un equipo amplio de periodistas de Correo del Caroní en alianza con Runrunes y El Pitazo, fue determinante por el conocimiento de la zona de Germán, quien junto con la periodista Lorena Meléndez, logró llegar al lugar donde 17 mineros habían sido masacrados. La nota reveló dónde estaba el sitio con hallazgos de ropa, pertenencias personales y casquillos de bala. Ese dato, entre otros dentro de la alianza, hizo honor a la búsqueda de la verdad que define a este oficio. Y por eso, fuimos nominados en la categoría de cobertura en los Premios Gabo de la Fundación Gabriel Márquez en 2016. “Los jurados dimensionaron el coraje de un grupo de periodistas aguerridos que se dedicó a investigar a fondo una masacre ocurrida en una región aislada para los medios en Venezuela (…) En un contexto en el que las autoridades están contaminadas por el poder económico y político, este trabajo logró que se investigara un hecho que inicialmente había sido negado”, se lee en la relatoría del Premio Gabo. El amigo de los amigos Así como estas historias, todos los que pasaron por Correo del Caroní, quienes fueron compañeros de fuente en otros diarios o quienes fueron parte de sus decenas de amigos, tienen mil historias de recordar. Por ejemplo, su amor por sus padres y su hermano, Oscar Dam. Su primer editor, Ángel Pirela, lo entrevistó para que iniciara como pasante en Correo del Caroní en 2007. “Asumía todos los riesgos para alcanzar el objetivo, que siempre era ser el mejor, llevar los mayores detalles y la información más completa. Un comprometido absoluto con su profesión y con cada noticia que trataba. Un periodista integral, nunca le escuché un no como respuesta ante los retos”, recordó Pirela. Germán Dam estudió periodismo en la UCAB Guayana y luego fue profesor universitario. El periodista Leonardo Suárez también fue su editor en los últimos años. También pasaban horas frente al monitor tratando de elegir las fotografías, la mayoría de ellas impublicables. “Tenías un buen ojo para la fotografía. Y nunca, jamás, percibí un atisbo de morbo para explotar el drama o la compasión. La verdad es que aprendí que la fuente de Sucesos contigo no iba de la muerte, sino de la vida”, publicó Suárez, en un obituario en su cuenta de Instagram. Germán no se quedó sólo con estudiar periodismo, sino que en paralelo, mientras trabajaba, empezó y terminó la carrera de Derecho. Sus compañeras de fuente, las periodistas Maisdulin Younis, Diogelis Pocaterra y Pableysa Ostos, trabajaron codo a codo con él en una era desafiante, por violenta, en Guayana y en el sur del país. “Lo recuerdo en la redacción, siempre con su cigarro y esa botella de dos litros de Coca-Cola al lado, concentrada en la siguiente historia. Pero mi recuerdo favorito es el de nuestras coberturas en el sur. Comíamos pan de desayuno, almuerzo y cena solo para estirar el dinero (…) Germán fue mi compañero de redacción, de universidad y de vida”, señaló Ostos. Aniversario del Correo del Caroní Diogelis, quien más tarde cubriría la fuente de ciudad, destaca la excentricidad de Germán. Su dedicación a la familia, esa combinación de rudeza, precisión y ternura que a veces parecían imposibles de contener en un solo cuerpo. “Nos sorprendía con su pie de limón, con sus bonsáis y orquídeas, mientras escribía sobre la violencia de Ciudad Guayana, llevando una estadística impecable de los homicidios. Siempre dispuesto a ayudar, y con ese amor por los animales”. En el campus Guayana de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), donde estudió, crece un baobab que Germán donó a la universidad hace unos años, recordó María de los Ángeles Ramírez, periodista y compañera de redacción en Correo del Caroní. “Quienes lo conocimos nos maravillamos con sus dones, con su delicadeza y arte que rompía con lo rudo que podía verso”. Y también, precisó María, con sus momentos icónicos, como cuando el entonces senador Marco Rubio lo confundió con una represa. El exilio Para 2016, en plena crisis humanitaria compleja, el éxodo masivo de venezolanos comenzó y se profundizó la crisis económica de los medios de comunicación, lo que impactó a la redacción de Correo del Caroní. Un equipo pequeño resistió esos años con el periodista Marcos David Valverde al frente. Aunque Germán decidió retirarse del Correo, de vez en cuando apareció, recuerda Marcos, para publicar una que otra historia. Siguió como periodista independiente para Monitor de Víctimas durante 2018 y publicaba hilos en Twitter, que casi siempre se hacían virales con todo tipo de temas, desde leyendas hasta investigaciones periodísticas. Uno de ellos fue en 2019, cuando, durante las protestas contra el gobierno, denunció que cuatro juezas de control de los tribunales de Guayana estaban negando el derecho a la defensa de un grupo de estudiantes detenidos. A los días, contó a Ipys Venezuela, Germán recibió amenazas de que sería denunciado por escarnio público y violencia de género. Luego llegaron los carros de la policía política y hostigamientos a su casa, lo que lo forzó a salir del país a Brasil y luego a Portugal, dejando forzosamente atrás a su hijo, Miguel, ya su entonces esposa, Greisy Castillo. “Nos vemos en libertad”, escribió en Twitter. La organización Ipys Venezuela reseñó su caso y se hizo eco muchas veces de las amenazas en su contra, la última de ella en la serie #PeriodistasPerseguidos. https://www.instagram.com/tv/CWLoL4RMPRs/?igsh=NDJheDloam9lbHR1&wa_logging_event=video_play_open “He aprendido a extrañar el periodismo (…) Espero algún día volver a esa tierra que me enseñó tanto y que tanto me mostró”, contó a Ipys Venezuela en 2021, mientras describía los enormes desafíos de continuar haciendo lo que amaba en el exilio. Dijo lo que sentía cada vez que pudo, rememora la periodista Alba Perdomo, quien fue su profesora y luego colega. “El 60 por ciento de las alertas de Ipys que escribí fueron sobre Germán, porque tenía el don de meterse en medio del peor entrompe, salir ileso y con un nuevo chiste (…) Cuando le tocó exiliarse de emergencia, vivimos momentos de película para sacarlo con bien de ese predicamento. Todos aquellos que tuvimos la dicha y el honor de conocerlo lo vamos a recordar como un tipo de bien, que vivió como le dio la gana y que apuró la vida como una cerveza bien fría”. Germán murió por un paro respiratorio el martes 14 de abril en la ciudad de Valladolid, en España. Sus colegas y amigos hemos organizado una campaña de Gofundme para apoyar a su familia con los gastos funerarios y el apoyo a su hijo. Si deseas colaborar, dona aquí.

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