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Sunday, May 17, 2026

Los elogios de Donald Trump son regalos envenenados

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Uno no sabe si lo hace adrede, como parte de una malévola estrategia, o sencillamente así es su personalidad. Pero publicar en sus redes sociales una imagen de Venezuela como el estado número 51 de la Unión americana, dejando, de paso, al territorio Esequibo por fuera, es una zancadilla de Donald Trump a Delcy Rodríguez. No pude conseguir un momento más oportuno que este. Justamente cuando la presidenta interina se encuentra en La Haya “defendiendo la soberanía nacional”, como parte de su esfuerzo por presentarse como una gobernante legítima, y ​​no como una marioneta de los designios trumpistas. Este primer viaje de alto perfil internacional tiene varias intenciones, una de las cuales consiste en exhibir ante los medios europeos que en Venezuela hay una alternativa al liderazgo de María Corina Machado. No por casualidad la cobertura positiva que a su paso por el viejo continente le han brindado France 24, Deutsche Welle (DW) y Televisión Española (TVE), cada una evadiendo mencionar delicadamente su controvertida relación con la Casa Blanca. El otro propósito es, obviamente, para consumo interno. Delcy Rodríguez se encuentra en precampaña electoral, mientras trabaja para consolidar su posición dentro de la estructura de poder del Estado, e intenta sortear las crecientes manifestaciones de insatisfacción del chavismo radical ante las sustanciosas concesiones económicas y estratégicas demandadas, y otorgadas, a Estados Unidos. Mientras Irán y Cuba resisten… Otra vez se repiten los reclamos públicos por “la traición al comandante”. Las cosas dentro del partido/Estado lucen revueltas. Para ese sector, que ha creído en la retórica antiimperialista, lo ocurrido en los cuatro meses de lo que va del año en Venezuela es inexplicable. Reemplazar la animadversión a Estados Unidos por el aborto a la señora Machado, es decir, preferir entregarse al imperialismo con tal de que la odiada oposición no entre en Miraflores, es insuficiente. Es una bofetada cada día que cubanos e iraníes siguen resistiendo la embestida de Trump. De cara a la opinión pública alguien tendrá que pagar por las muertes de presos políticos, por las investigaciones amañadas, los cargos forjados, las torturas, las desapariciones, los tratos inhumanos y las mentiras crueles hacia una madre venezolana de 83 años que solo suplicaba por una amnistía para su hijo. Las miradas apuntan a quien interpretó con entusiasmo el papel de inquisidor, al peor estilo de aquellos fiscales nazis y estalinistas que se regodeaban en humillar a indefensos acusados. Personaje que, por cierto, fungió como pieza clave y de absoluta confianza de Cilia Flores. Esto no deja de tener cierto interés, porque esa situación también coincide con la “filtración” de los sórdidos detalles del juicio a Tarek El Aissami. Al parecer, el exalto dirigente del Psuv ha optado por desafiar a sus carceleros, quienes, a su vez, pretenden utilizarlo como una demostración de que, “ahora sí”, el enriquecimiento ilícito contra los recursos públicos será condenado de manera aleccionadora. Sin embargo, no faltara en el chavismo quien recuerde que los principales beneficiarios en su día de la defensa de El Aissami fueron los hermanos Rodríguez. Así como lo han sido de la extracción de Nicolás Maduro. Las sospechas persisten La sombra de la traición sigue revoloteando sobre ellos. Las sospechas de lo que realmente ocurrió alrededor de (y el) 3 de enero de 2026, siguen sin aclararse. ¿Qué se pactó? Desde ese punto de vista, los elogios de Trump hacia Delcy Rodríguez, que tanto desasosiego provocan en ciertos sectores, son, en realidad, regalos envenenados. Los venezolanos (la inmensa mayoría), que todos los días libran una lucha de supervivencia para satisfacer sus necesidades básicas, no pueden sentir más que desconcierto al escuchar al presidente estadounidense afirmar que en Venezuela las cosas van magníficamente bien, con el petróleo y el dinero fluyendo como nunca. Delcy Rodríguez es más parca, pero regularmente confirma que hay una relación constructiva y de respeto mutuo. Lo cierto del caso es que Trump es un aliado y socio incómodo, definitivamente. Es larga la lista de sus asociados que han salido magullados, cuando no molidos, de su relación con el magnate inmobiliario, estrella de la televisión y dos veces inquilino del Salón Oval. Los conservadores canadienses, por ejemplo, vieron el año pasado cómo se les escapó la victoria electoral que tenían en las manos por culpa del constante troleo contra la soberanía nacional de ese país de quien suponían era su aliado. Entre los europeos, incluyendo a sus amigos, la relación siempre es problemática. Con Georgia Meloni ya se deterioró por los agravios al Papa y su rechazo a apoyar la guerra en Irán. La primera ministra italiana, fiel a su carácter, es la única desde la derecha que se ha animado a llevarle públicamente la contraria. En América Latina, hasta ahora, para sus aliados (que cruzan los dedos) el equilibrio es favorable, porque tampoco faltan aquellos que le han agarrado la caída. Marco Rubio se cuenta entre estos últimos. Por lo visto se trata de un arte. Con el personaje se puede aplicar el adagio: “ni tan cerca para no quemarte, ni tan lejos para que no te olvides”. *** Las opiniones expresadas en esta sección son de entera responsabilidad de sus autores Del mismo autor: El chavismo en campaña, otra vez

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