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Saturday, July 4, 2026

Milei se apoya en la casta para buscar la reelección

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Como ex portero, el presidente Javier Milei sabe mejor que nadie que lo más importante que hay que evitar en la vida es un error no forzado. Sin embargo, le tomó sorprendentemente mucho tiempo aplicar esa regla al caso de Manuel Adorni, su ahora exjefe de gabinete, cuya historia de pobreza a riqueza capturó la imaginación del público durante más de tres meses y le costó a Milei una cuarta parte de sus índices de aprobación. Aunque más vale tarde que nunca. El año que viene, podríamos ver en retrospectiva cómo el Presidente reunió su equipo de reelección en medio de la Copa del Mundo, en el anochecer del desastre de Adorni. O puede que no, pero al menos esa parece ser su intención en este momento. La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete señala un pragmatismo que es a la vez resultado de la falta de gente confiable en sus filas libertarias y del reconocimiento de que necesita otra dosis más de “la casta” para alinear los medios con los objetivos de su administración. Milei necesitaba detener la hemorragia de Adorni. Lo hizo, aunque aparentemente en contra de su voluntad. Esta es una buena señal para el futuro de Milei, pero cabe señalar que la mitad de las personas clave de su gobierno libertario son ahora ex miembros del partido PRO de Mauricio Macri que sirvieron en el gobierno del expresidente entre 2015 y 2019, algo que Macri anhelaba cuando Milei fue elegido en 2023. Esto también tiene un impacto en las perspectivas para las elecciones del próximo año. Al apegarse obstinadamente a Adorni, Milei estaba alienando a sus aliados centristas, incluido el PRO y un puñado de gobernadores provinciales daltónicos, algunos de los cuales se autodenominan peronistas, como Gustavo Sáenz de Salta, Martín Llaryora de Córdoba o Raúl Jalil de Catamarca. Si esa tendencia hubiera continuado, la división en el centro-derecha del espectro se habría convertido en el escenario más probable para el próximo año. Macri y la senadora Patricia Bullrich –e incluso la vicepresidenta Victoria Villarruel, que ahora se opone abiertamente al gobierno– estaban considerando una oportunidad en la que los índices de aprobación de Milei caerían más allá de un punto de no retorno y crearían un espacio para otro contendiente conservador. Este no es el caso todavía; Los datos de las encuestas de junio muestran una ligera recuperación con respecto a mayo, suficiente para detener la caída, aunque todavía no indican un cambio de tendencia. Sin embargo, si este equipo quiere llevar a Milei a la reelección, tendrá que ajustar la narrativa del gobierno. Podría decirse que esta semana mostró la mayor brecha entre un lenguaje de éxito macroeconómico para el país y dolor microeconómico para la gente. El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció en las redes sociales que el país había alcanzado un nuevo récord de producción de petróleo, 903.000 barriles por día, en mayo de 2026. Además, continuó anunciando beneficios para las empresas petroleras en el marco del programa de inversiones RIGI, ahora con 20 proyectos aprobados para obtener exenciones fiscales y 21 en estudio. En paralelo, el nuevo portavoz del Gobierno, Adrián Ravier, se estrenó en rueda de prensa defendiendo fuertes aumentos en las tarifas de los servicios públicos y recomendando a los argentinos abrigarse en casa para evitar encender la calefacción. “No existe nada gratis”, afirmó Ravier, criticando la política de subsidios de la administración anterior. Milei necesita reducir esta brecha en el guión político si quiere aspirar a una victoria en la primera vuelta en 2027. A pesar de sus errores no forzados, las probabilidades siguen estando a su favor, especialmente porque un sector agrícola robusto y un sector energético en auge le están proporcionando las divisas fuertes que necesita para evitar la inestabilidad durante la temporada electoral. Pero hasta ahora, el presidente sigue jugando las cartas del pasado y del futuro, pasando por alto el presente: esta semana dijo que, si gana la reelección, la gente podría esperar “salarios enormes” cuando deje el cargo en 2031. Mientras tanto, la oposición está ayudando con el argumento del gobierno de “no mirar atrás”. Lejos de acercarse a la unidad, el partido peronista está profundizando sus divisiones y problemas de liderazgo, lo que complica la potencial candidatura del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, su principal figura nacional además de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La oposición todavía tiene una esperanza: resolver su contienda por el liderazgo en las primarias PASO de agosto de 2026. Si Santilli cumple su primera tarea principal como jefe de gabinete, que es desecharlas, los problemas de los peronistas pueden llegar a un punto sin retorno. noticias relacionadas

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