En declaraciones radiales, el director comercial de Nielsen para Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, Damián Graziano, sostuvo que el consumo masivo comienza a mostrar un “leve brote verde”, aunque todavía lejos de una recuperación consolidada. Según explicó, el repunte reciente aparece traccionado principalmente por bebidas y alimentos, con una canasta algo más firme que en los meses previos. Sin embargo, el avance sigue siendo limitado. Graziano advirtió que la mejora interanual ronda apenas el 1% y que el escenario debe analizarse con cautela, ya que la comparación empieza a realizarse contra bases más exigentes del año pasado. En ese marco, los supermercados continúan entre los canales más afectados, con una caída cercana al 5% interanual en el último bimestre. La billetera se reorganiza: menos supermercado y más gasto fijo El cambio más visible se observa en la forma de comprar: según el análisis del sector, los consumidores se alejan de la gran compra mensual en cadenas grandes y se vuelcan a operaciones más chicas, frecuentes y controladas en almacenes, autoservicios y negocios barriales, una dinámica que responde a la pérdida de ingreso disponible, la necesidad de dosificar el gasto y una búsqueda más intensa de precios. 1749312885959-el-negocio-los-supermercados-esta-muy-complicado-la-situacion-esta-muy-fea (1).jpg Las familias reorganizan sus prioridades en la actual coyuntura. “El consumidor se está yendo de la gran cadena, de la compra grande. Hoy el bolsillo está muy apretado y busca controlar el gasto”, señaló Graziano. En esa línea, explicó que los autoservicios presentan variaciones de precios algo menores que otros canales, lo que también favorece el desplazamiento hacia las compras de cercanía. El fenómeno se da, además, en un contexto en el que los hogares destinan una porción cada vez mayor de sus ingresos a transporte, luz, gas y otros servicios. Para Graziano, existe una correlación directa entre el aumento de tarifas y la retracción del consumo masivo: lo que antes se orientaba a productos de góndola ahora se reasigna a gastos fijos. Esa dinámica marca el paso de un consumo más aspiracional a otro más funcional. En la práctica, implica resignar marcas premium, reducir tickets, cambiar de canal y priorizar lo indispensable. Los datos muestran una recuperación fragmentada El diagnóstico privado también matiza la idea de una recuperación generalizada. Según la medición de la Universidad de Palermo, el consumo total privado avanzó 0,7% mensual en marzo, pero cayó 2,6% interanual y acumuló una baja de 2,2% en el primer trimestre frente al mismo período de 2025. En paralelo, el índice de consumo de la Cámara Argentina de Comercio retrocedió 0,5% mensual y 1,3% interanual. La composición de esos datos muestra una economía de consumo partida. Mientras algunos bienes durables y rubros vinculados a autos, motos, turismo o inmuebles mostraron mejores registros, el consumo cotidiano permanece débil. En supermercados, las ventas tuvieron un leve avance mensual en febrero, pero acumularon una caída en el primer bimestre, mientras que otros rubros sensibles al bolsillo también exhibieron retrocesos. Dentro del consumo masivo, además, se observaron bajas en alimentos clave: el consumo de carne vacuna cayó 9,8% interanual en febrero y el de carne aviar se ubicó 4,6% por debajo del nivel del año anterior. La venta de combustibles al público, en tanto, se mantuvo prácticamente sin cambios frente a 2025, pese al fuerte impacto de los precios. Salarios, crédito y mora: los límites de la recomposición Uno de los principales condicionantes sigue siendo el ingreso disponible. Los salarios registrados acumularon una caída real de 4,33% entre septiembre y febrero, según cálculos en base a datos oficiales. Desde la asunción de Javier Milei, la pérdida fue de 8,87%, con mayor impacto sobre los trabajadores del sector público. Otro condicionante aparece por el lado del crédito, que después de casi dos años de crecimiento real comenzó a perder impulso hacia fines de 2025. En la misma línea, las tarjetas de crédito y los préstamos personales también moderaron su avance, lo que marca un límite adicional para sostener el consumo de bienes durables. La morosidad agrega otra señal de alerta. En febrero, la mora de las familias subió por decimosexto mes consecutivo y llegó al 11,2%, un nivel que no se veía desde comienzos del milenio. Ese deterioro reduce el margen de los hogares para financiar gasto y, al mismo tiempo, vuelve más cauteloso al sistema financiero.




