El hantavirus de los Andes circula desde hace décadas en la Patagonia argentina y chilena, transmitido por roedores salvajes. Pero el brote relacionado con el crucero MV Hondius ha llamado la atención sobre una característica excepcional de esta cepa: su capacidad de propagarse entre personas. ¿Cómo se comporta el roedor que lo porta? ¿Existen factores ambientales detrás de su propagación? ¿Y por qué es tan difícil estudiar el virus? El roedor y el medio ambiente El reservorio natural del virus de los Andes en la Patagonia es la rata pigmea del arroz de cola larga, Oligoryzomys longicaudatus, conocida localmente como “colilargo”. La infección inicial se produce por exposición a saliva, orina o heces de roedores infectados, generalmente en ambientes cerrados. Para el biólogo Raúl González Ittig, profesor asociado de genética de poblaciones de la Universidad Nacional de Córdoba, los casos registrados en Argentina pueden estar vinculados a una secuencia ambiental: fuertes lluvias asociadas a El Niño, mayor crecimiento de la vegetación y mayor disponibilidad de alimento para los roedores. Más roedores no significa necesariamente un brote, pero sí crean más oportunidades de contacto. “Hay más individuos y mayor probabilidad de que un trabajador rural se contagie”, dijo González Ittig a la agencia de noticias AFP. Por el contrario, las sequías y los incendios forestales, que suelen ocurrir durante los meses de verano en la región, “reducen las poblaciones de roedores”, explicó el especialista. Sin embargo, en los casos de transmisión de persona a persona, el único roedor responsable es el que causó la infección inicial. En estos casos “no aplica lo que se sabe o se sospecha sobre la asociación o influencia de factores ambientales”, afirmó la infectóloga María Ester Lázaro, médica jubilada del Hospital Zonal de Bariloche cuya tesis doctoral se centró en el hantavirus de los Andes. Más allá de los brotes conocidos en la Patagonia argentina en 1996 y 2018, y ahora del grupo de cruceros, la transmisión de persona a persona solo se ha informado muy ocasionalmente en la región. La transmisión humana no es una mutación El epidemiólogo Rodrigo Bustamante, del hospital de Bariloche, destacó que la transmisión de persona a persona de la cepa andina “no es la regla sino un evento excepcional que requiere un contacto estrecho a menos de un metro durante unos treinta minutos”. Tampoco se comporta como el Covid-19 o la gripe. “Es mucho menos transmisible”, dijo Bustamante a la AFP. “Esto requiere un contacto mucho más estrecho, generalmente entre personas que viven juntas”. Los científicos rechazan la idea de que una mutación reciente haya convertido al virus de los Andes en un patógeno capaz de propagarse entre humanos. “Es un virus muy estable, a diferencia del Covid-19 o de la influenza. Cada hantavirus ha evolucionado desde la antigüedad junto a su huésped roedor sin sufrir grandes mutaciones”, dijo Lázaro. “Lo que no sabemos”, continuó, “es por qué el virus de los Andes, en lugar de producir un caso aislado luego de infectar a una persona, a veces es capaz de propagarse a otra persona e incluso generar cadenas de transmisión que involucran varios eslabones”, como se vio en 1996 y 2018. Sobre ese punto, González Ittig dijo: “Creo que el virus siempre tuvo esa propiedad”. Los humanos probablemente “comenzaron a ocupar los ambientes donde vivían los ratones. No fue una mutación específica”, argumentó. Difícil de estudiar “El problema del hantavirus es que hay tan pocos casos, especialmente en nuestra región, que se necesita mucho tiempo para obtener un número de casos mínimamente decente para sacar conclusiones”, dijo Lázaro. Bustamante describió el mismo obstáculo desde su experiencia en el hospital de Bariloche. “Normalmente tenemos entre dos y cuatro casos de hantavirus al año”, afirmó. La progresión clínica de la enfermedad también complica la investigación. Al principio, los pacientes pueden parecer sanos o presentar síntomas parecidos a los de la gripe acompañados de diarrea o vómitos. “Al cuarto día, en cuestión de horas, el paciente puede pasar de lo que parece gripe a estar conectado a un ventilador”, explicó Lázaro. Esa dinámica crea dificultades “a la hora de intentar reconstruir los itinerarios de los pacientes, dónde estuvieron y también para los ensayos clínicos”, añadió. Mientras tanto, en Ushuaia, de donde partió el Hondius, los científicos debaten si el roedor local es la misma especie de cola larga o una subespecie cuyo posible papel como reservorio de hantavirus aún está en discusión. Especialistas del ANLIS-Malbrán, el instituto nacional que estudia las enfermedades epidemiológicas, viajarán el lunes a Ushuaia para realizar la investigación. En lo que va de la actual temporada epidemiológica -que dura 12 meses a partir de junio de cada año- Argentina ha registrado 102 casos de distintas cepas de hantavirus, casi el doble de los 57 registrados durante el mismo período del año anterior. Por Leila Macor, AFP
Lo que los científicos argentinos hacen y no saben sobre la cepa de hantavirus de los Andes
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